El Sastre

Fue en uno de mis nocturnos paseos cuando conocí a el sastre. Su negocio permanecía iluminado mientras el resto de luces hacia horas que descansaban. Al pasar cerca de su puerta, el ruido de una maquina de coser llegó hasta mis oídos. Rítmico, mecánico, tac tac tatc tac. Empujé la puerta de su humilde lugar de trabajo y le vi allí sentado, de espaldas. Sus hombros y los mechones de  pelo azabache caían hacia delante mostrando una postura encorvada y débil. En la máquina de coser no había ninguna tela, no había hilos, retales ni botones.

La habitación parecía extrañamente vacía para ser un taller de costura, excesivamente oscura y sucia. Supongo que me escuchó entrar, porque dijo con una voz dulce y muy lentamente:

“Me encantan los trajes”.

Giró su cabeza hacia mi y sonrío. Tenia unos ojos tristes y apagados, casi cerrados:

“Acerquese por favor”

Tal y como me iba a cercando sus ojos se llenaron de vida mientras me inspeccionaba, y se abrieron del todo, mostrándome los ojos más redondos que jamás había visto.

Señaló una silla. Me senté y empezó a hablar:

“La piel es una historia hermosa y trágica a la vez. Es nuestro suave disfraz. Es una cáscara, un cajón donde guardamos heridas cosidas, otras abiertas, otras que nunca cerrarán. Y el recuerdo de partes besadas, lamidas, mordidas y golpeadas. Hay piel a la que nunca da el sol, piel que nunca ha sido tocada. Trajes nuevos o manchados y arrugados. Toda piel debe ser alguna vez pellizcada y arañada, para eso fueron diseñadas las uñas, no cree?

Toda piel debe ser llevada de una forma sensual y sensible, casi exhibida. Hay una clara incomodidad en tocarla de forma intencionada, en olerla, en impregnarse del olor ajeno. Eso es algo que no puede ser negado…

Cuando le vi entrar lo primero que noté fue su olor. Luego enseguida adiviné que tiene usted una piel maravillosa.”

Acto seguido se levantó, dejándome ver una altura fuera de lo normal. Avanzó ávido , y mientras se abalanzaba sobre mi, dijo con una morbidez suprema:

Por cierto, le he dicho ya que soy sastre?